domingo, 1 de enero de 2012

Capitulo 4

Llegué a mi casa y escuché la ``pequeña´´ bronca de mis padres por la impuntualidad, a la que estuve asintiendo sin decir palabra media hora. No comí apenas, estaba demasiado nerviosa por mi especie de cita de esa tarde. Me duché y sequé el pelo para plancharmelo después, lo tenía liso, pero quería estar perfecta esa tarde. No me acuerdo cuantas veces me cambié de ropa, unas... ¿Siete? ¿Ocho? y sin exagerar, al final me decidí por un look sencillo. Unos simples vaqueros y una camiseta ceñida verde esmeralda con una rebeca por encima, que se cerraba con un simple nudo. Me enfundé de nuevo mis convers, mis zapatos más inseparables y me peiné el pelo mientras sonaba ``Paradise´´ en la radio. No pude evitar sonreír. Aplicándome un poco de rímel en las pestañas y algo de brillo en los labios miré la hora, las 17:30. Abrí el correo rápidamente, encontrándome con un mensaje de mi mejor amiga, Celia.
``Hola cielo:
Te echamos muchísimo de menos aquí, ¿Sabes lo que es estar sin tus tonterías apenas un día? Tengo una muy buena noticia. Llámame luego y te la cuento. 
Cuídate y no hagas muchas locuras.
Te quiero. ´´
Sonreí con amplitud. Cuanto la quería. Me quedé con muchísima intriga respecto a esa buena noticia que me tenía que dar, pero ya era tarde y perdería el autobús así que cerré la pantalla del ordenador y corrí escaleras abajo hacía la puerta de la calle. Mis padres no estaban así que no tendría que soportar preguntas absurdas sobre a donde iba, o a las 10 en casa. No pensaba tardar mucho, así que les dejé una nota en el frigorífico para que no se preocuparan y salí corriendo, ya llegaba tarde.
Me bajé del autobús. Llegaba 10 minutos tarde. Miré a lo lejos y lo vi allí, en la puerta del instituto esperando con gesto de aburrimiento. Reí y aceleré el paso hasta que estuve a su lado, bueno, más bien detrás suya. Estaba tan sumido en sus pensamientos que ni se percató de que había llegado, así que suavemente coloqué mis manos sobre sus ojos, tapándoselos. Se sobresaltó, pero rió.
-¿An..? Dime que eres tú y no un secuestrador .-No pude evitar reír y me senté a su lado, mirándole.
-Siento desilusionarte pero soy yo, siento la tardanza, se me fue la hora .-Eso no era así, pero no le iba a decir que en cada espejo hasta el trayecto me lo llevaba mirándome y retocándome el pelo para estar perfecta.
-Es igual, vamos, te enseñaré la ciudad .-Se levantó y me tendió la mano, se la dí y me ayudo a levantarme, sonriendo- Podríamos ir también a tomar un café al Starbucks. Está cerca de aquí.
-Me encantaría .-Le sonreí, empezando a caminar con él mientras me iba llevando a sitios de la ciudad cercanos. Pasamos por la gran vía; estaba impresionada, había muchísimas tiendas y quería entrar en todas. Seguimos bajando la calle, bromeando y riendo, lanzándonos miradas. Todo era perfecto. Después de un buen rato caminando, llegamos a la Cibeles, me quedé bastante sorprendida. Todo era precioso allí.
-Te llevaré a un lugar que te encantará .-Me miró fijamente, esa mirada que te hace derretirte por dentro y le sonreí.
-Vale, y después tomaremos ese café que me debes .-Me cogió de la mano y en ese momento mi corazón se aceleró. ¿Me había cogido de la mano? No me podía hacer ilusiones, me lo repetía todo el día en mi interior. Él estaba con Diana y la quería, no me quería a mi. Solo intentaba ser simpático con la chica nueva a la que le habían derramado una coca-cola el primer día, de la que todos se habían reído. Sí, eso. Dejé de martillearme la cabeza con pensamientos cuando cogimos el siguiente autobús. Nos llevaba hasta un lugar llamado Retiro o algo así, me lo dijo, pero no me acuerdo. No paraba de mirar absorta por la ventana cuando llegó nuestra parada, y Berto, levantándose tiró de mi brazo, haciéndome bajar, riendo ante mi estado de fascinación. 
-Bueno, he aquí el parque del retiro .-Y entonces, sentí que estaba soñando. Era precioso, inigualable, era... todo verde, por así decirlo. Tenía un lago con...
-¡Son barquitos! .-Dije con admiración, mirando a Berto. Me sonrió e introduciéndose más en el parque, se sentó en el césped, cerca del lago, mirándome- ¿Vienes? .-Corrí hacía él y no solo me senté, si no que me tumbe, abriendo los ojos y mirando al cielo, buscando formas en las nubes. Él me imitó, tumbándose a mi lado, señalando una nube situada en mi derecha.
-Parece un corazón .-Dijo, riendo un poco- Jugaba a esto de pequeño con mi hermano. 
Giré mi cabeza hacía él, mirándole fijamente y solo sonreí. Sobraban las palabras, de nuevo.
-Eres preciosa y.. me encantan tus ojos, parece ver un universo en ellos... .-Sin mediar palabra, le tomé la mano, entrelazando mis dedos con los suyos, cerrando los ojos, apoyando mi cabeza en su hombro con suavidad. Apoyó su cabeza sobre la mía y se recostó un poco. No sé cuanto tiempo nos llevamos así, lo que sé es que no me quería separar nunca de él. Le quería y mucho, Anabel, la chica que odiaba el amor se estaba enamorando. Se estaba enamorando de un chico con novia y  con un hermano que intentó besarla. Era una historia de locos, una telenovela de esas que ponen en el primer canal los miércoles por la tarde. Miré la hora y me sobresalté, eran las 21:00 de la noche, Berto pareció advertir mi sobresalto, por que rió y se separó, para poder mirarme.
-¿Otra vez llegando tarde? .-Negué con la cabeza, en realidad no tenía hora.
-No, simplemente se pasó el tiempo demasiado deprisa .- ``Pero solo cuando estoy contigo´´ añadí en mi interior.
-Si quieres te puedo acompañar hasta casa.. .-Se levantó y me tendió la mano. ¿Cuántas veces le había cogido hoy la mano?¿Sería siempre tan caballeroso? Se la cogí sin decir nada y empecé a caminar con él. La inquietud empezó a agobiarme. ¿Que hacía? Tenía novia, debía sacarmelo de la cabeza, pero también debía disfrutarlo lo poco que tenía de él, su cariño y esa sonrisa, esos labios que eran como si tuvieran una etiqueta que decía: ``Bésame´´. Pero yo no podía besarlos. Me empecé a deprimir, pero sonreí y sin saber bien que hacía, le abracé. No fue un abrazo agobiante, ni un abrazo empalagoso. Fue un abrazo que decía: ``Estoy aquí, quiéreme´´ y me lo devolvió con ganas. Sentí ese típico sentimiento de mariposillas que nunca antes había sentido. Y no, no me había sentado la comida mal. Estaba enamorándome. Y tenía miedo, tenía miedo de que me pudiera hacer daño. 


Una hora después.


Llegué a la puerta de mi casa con Berto a mi lado, bromeando sobre programas de televisión y cosas absurdas, reí con él. Era bastante gracioso si se lo proponía. Sonaba de fondo ``Titanium´´ de David Guetta cuando me dio un abrazo de despedida. Me di la vuelta y, abriendo la verja de mi casa, miré por encima del hombro. Allí estaba. Tan perfecto como siempre, sin sus gafas de sol puestas, mirándome y sonriéndome. Le devolví la sonrisa, guiñándole el ojo derecho en uno de mis gestos coquetos. No sé por qué lo hice, pero parece que tuvo efecto.
-Espero verte mañana, loca.
-Te veo mañana, ricitos .-No pudo evitar reír cuando lo escuchó. Le puse ese apodo por una foto que me enseñó esa misma tarde, luciendo unos perfectos rizos a lo ``Harry Styles´´. Abrí la puerta de mi casa y entré, justo para la cena, tenía hambre. Cené con mi familia y dije que estaba en la Biblioteca con una nueva compañera que había conocido y que después fuimos a por un café. Se lo creyeron. No quería explicarles que había estado con el chico de mi vida y había sido la mejor tarde en muchísimo tiempo. Corrí hacía mi habitación y vi mi móvil sobre la cama. Se me debía de haber olvidado. Lo cogí y lo encendí.
<< 3 llamadas perdidas >> ¿Quién me podría haber llamado? Con curiosidad, hice click sobre las letras. << Celia >> ¡Se me había olvidado por completo! Sin dudarlo, le dí al botoncito verde de tecla de llamada y esperé hasta que una Celia animada y risueña me hablaba por el auricular, empezando a contarme esa buena noticia.

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