Sonó la campana y, dejando en la taquilla los libros que no me hacían falta me encaminé hacía la clase que me tocaba ahora : Historia. Genial. Odiaba historia más que nada. Entré en la clase y al verla medio vacía aún me puse en uno de los asientos del fondo, nunca me había gustado ser el centro de atención. Me removí inquieta en mi sitio, mirando hacía los lados mientras me alisaba el pelo con gesto de indiferencia, no había descansado mucho por la noche debido a los nervios del día siguiente, suspiré esta vez bastante relajada cuando un sonido seco me despertó de mi estado vegetativo. Me sobresalté, alzando la vista hacía arriba, encontrándome de nuevo con esos odiosos ojos azules que me habían arruinado mi día.
- Perdona, pero estás en mi sitio .-Me mostró una de esas sonrisas torcidas que tanto vuelven locas a las chicas viniendo de él, un chico guapo, moreno y, joder, estaba buenísimo. Pero a mi, esta vez solo me produjo asco.
- Mmm.. ¿Y debería importarme? .-Le sonreí con bastante ironía, mientras le sacaba mi dedo corazón en uno de mis peores gestos faciales. El chico en cambio se dedicó a sentarse en el asiento de delante, con algo de molestia pero sin perder nunca esa sonrisa burlona, esa sonrisa a la que le estaba cogiendo tanta manía en ese instante. Se daba la vuelta para mirarme cuando advertí la burla en su cara.
- Por cierto, bonita chaqueta, pero te quedaba mejor sin ella .-Me guiñó un ojo, dándose de nuevo la vuelta, dejándome allí con los puños apretados y las mejillas enrojecidas; quería pegarle, no me cabía duda de eso y entonces le vi; era guapísimo. Alto, algo misterioso y extremadamente guapo, caminaba apresurado, puesto que el profesor cerraba la puerta tras la entrada de este. Se sentó a mi derecha y no pude evitar mirarle de reojo, se quitó las gafas de sol, dejándolas encima de la mesa y ajustándose su chaqueta de cuero negra, ¡Que coincidencia! era igual que la mía. Sonreía para mis adentros, completamente absorta en cada movimiento de ese chico misterioso cuando me sobresalté al oír mi nombre.
- ¿Anabel? ¿Anabel R?.-Alcé la mano, pues solo quería presentarme a la clase.
- Chicos, esta será vuestra nueva compañera, llegada desde Cádiz. Darle una buena bienvenida y que se sienta como en casa....
- ¡Rubia de bote! .- Alguien interrumpió al profesor mientras toda la clase reía con él, incluyendo a el chico misterioso, apreté los puños con rabia, si había algo que me molestara muchísimo era eso, puesto que mi rubio era natural. Sin más, empezó la clase.
Pasaron lista y cada uno dijo esos típicos ``Presente´´ de 8:00 de la mañana, cansados, somnolientos y medio dormidos cobraron vida en el aula.
- ¿Alberto..? .-Miraba de reojo al chico misterioso cuando supe que su nombre era Alberto, al ser pronunciado, todas las chicas del aula suspiraron, pero no un suspiro normal, si no, uno de esos suspiros de amor. Miré curiosa hacía ellas cuando alguien me tocó el hombro, me giré hacía la izquierda y vi a una chica de aspecto amigable, algo menuda y morena, de ojos verdes; Jennifer, si no recuerdo mal.
- Es así siempre... tiene a todas las chicas locas. Por cierto, soy Jennifer, tu debes de ser Anabel, ¿No? .-La chica me sonreía, se estaba esforzando bastante por intentar ser simpática, así que le devolví la sonrisa.
- Sí, lo sé, lo oí hace nada. Prefiero que me llamen An, nunca me ha gustado mi nombre .-Volví a mirar al chico y después a Jennifer, con una expresión curiosa- ¿Y... eso por qué?
- Es el más popular aquí, junto con su novia, Diana .-Señaló a una chica con la cabeza. Como no, la típica rubia de bote (¡Esa sí, no yo!) la barbie superficial que hay en todos los institutos.
- Oh. No es tan guapa .-Podría serlo, sin cien mil kilos de potingue en la cara, pero eso no lo reconocería nunca.
- No eres la única que lo piensa. ¿Y ves a ese chico de ahí? .-Me señaló con la cabeza a el irritable chico que me derramó el coca-cola encima, pero extremadamente irresistible- Ese es Alex, ¿Guapo a que sí? Es el típico mujeriego, no te acerques a él si no quieres que te llamen facilona .-Suspiré, aunque creo que no lo advirtió. Como no, el bueno siempre es el peor. Iba a hablarle cuando el profesor nos llamó la atención, volviendo a concentrarme en el chico de mi derecha, el chico que ahora pasaría a ser mi amor platónico, quien sabe, alomejor le robaría el puesto a mi querido Ashton Kutcher.
Sonó el timbre que indicaba el final de la clase y recogí mis cosas, saliendo del aula. Ya en mi taquilla, saqué los libros correspondientes y al cerrarla, tropecé con una chica; Diana, para ser exacta, desparramando todos mis libros por el suelo. Le saqué mi dedo corazón cuando se dio la vuelta con esa sonrisa tan irritable suya y los recogí, no quería tener ahora mismo un encontronazo con la típica diva. Levanté la vista del suelo, y me encontré de nuevo con esos ojos azules, de Alex. Me levante, para ponerme más o menos a su altura, aunque me sacaba una cabeza. Aw. Odiaba ser tan bajita. Le miré y no pude evitar mostrar una de mis sonrisas torcidas de suficiencia a lo que el respondió con una mueca bastante sexy. Se acercó a mi, poniendome contra mi propia taquilla con un brazo a cada lado mío. ¿Pero que hacía? ¿Sabía acaso mi nombre? Recordé lo que me dijo Jennifer. Él es un mujeriego. No quiero parecer una facilona el primer día. No lo mires... no no no lo mires.... y lo miré. Esa mirada tan intensa y esa sonrisa que había pasado a ser una verdadera sonrisa torcida de esas que hacen que se te doblen las rodillas. Pues así me pasó. Bueno, exactamente eso me pasó, por lo que me tuve que abrazar a él simplemente por no caerme. Visto, la nueva dejándose llevar por los encantos y el deseo sexual de el mujeriego Alex. Enhorabuena. Bufé para mi misma mientras me daba cuenta de lo que estaba pasando y lo ``aparté´´ de un empujón, pero apenas retrocedió 1mm. Me acariciaba ahora la mejilla mientras se inclinaba hacía mi. Sobraban las palabras, se podía notar mis ganas desde lejos pero no le iba a dar esa satisfacción al típico capullo de instituto, por lo que, reuniendo todas mis fuerzas le volví a empujar y esta vez si que se apartó. Empecé a caminar hasta la siguiente clase, mirando por encima de mi hombro a ese tal Alex, estupefacto de mi reacción, dobló sobre si mismo y se fue hacía la salida. Me sorprendió, pero no dije nada, me reuní con Jennifer, quien, sorprendida por lo que había contemplado me esperaba en la entrada de la siguiente clase y compartía con Alberto.Genial.
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