miércoles, 28 de diciembre de 2011
Capitulo 1
Sonó el despertador; le dí un ``suave´´ manotazo. Sí, sobre todo suave ya que este salió despedido cayendo al suelo, desenchufándose de la pared y rompiéndose la pantalla. Buenos días, Anabel. Suspiré mientras me levantaba, enfundado mis fríos pies en unas zapatillas, levantándome mientras me miraba al espejo que tenía en frente; vaya cara, encima, era mi primer día en un nuevo instituto, en una nueva ciudad. Sí, odiaba el trabajo de mi padre muchísimo. ¿Se pensaban que iba a estar bien después de dejar atrás a todos mis amigos? Se acabó el ser la popular chica rubia que vagaba por los pasillos del colegio mandando sonrisas algo falsificadas a diestro y siniestro. Esa chica se acabó, por que, ahora, era Anabel, la chica rubia nueva en el instituto nuevo en una ciudad nueva y ahora, a esa chica le mandaba chillidos su madre, exigiéndole cosas sin sentido, y esa chica se dirigía ahora hacía el baño a peinar su sedosa melena mientras se aplicaba un poco de rimel en las pestañas. Fui hacía mi habitación apresuradamente, ya eran casi las 8 y no quería llegar tarde el primer día. Me enfundé en unos vaqueros, pitillos, más bien y me puse una camiseta de mangas largas, cubierta por una chaqueta de cuero negra. Cogí los primeros zapatos de el zapatero; convers, menos mal que me pegaban. Me volví a cepillar el pelo mientras corría hacía la cocina, cogiendo una galleta de chocolate mientras salía disparada hacía la puerta de la calle, sin escuchar los reproches de mi madre. Solo me quedaba pensar que hoy iba a ser un día magnífico. Sí, lo tenía que ser. Y así me convencí a mi misma hasta que llegué a la puerta del instituto. Suspiré disimuladamente, era como me había imaginado, un instituto más bien lujoso, pero normal, con los típicos ricachones y las chicas populares con un par de pechos operados ``Regalo de sus padres´´, deduje. Me sentía como en una verdadera película americana estilo ``Diez razones para odiarte´´ o ``Chicas malas´´ pero en este caso, yo era la nueva, el bicho raro y el hazme reír por no ir simplemente en una limusina a clase. Caminé deprisa hacía dentro, sin mirar a los lados, clavé mi mirada en el suelo cuando de repente choqué con alguien. De repente noté un frío anormal en el torso; sí, me había derramado la coca-cola que llevaba. Levanté la vista, muy molesta y me encontré con esos ojos azules, me relajé un poco hasta que vi como se empezaba a reír, pensé lo peor y en efecto, estaba mojada y encima se me transparentaba. Maldije el día (O la mañana, mejor dicho) en la que se me ocurrió ponerme una camiseta blanca. Avergonzada y roja como un tomate lo aparté de un empujón, notando como se clavaban las miradas en mi espalda, escuchando las risas y sabiendo que el motivo de ellas era yo. Sin escuchar una disculpa del chico y solo risas a mi consta, emprendí el camino hacía la siguiente clase, cerrándome la chaqueta negra, enfadada conmigo misma por no volver atrás y haberle pegado una buena patada al chaval en los bajos. Suspiré y apoyé la cabeza contra la taquilla. Bienvenida a Madrid, Anabel, pensó para si misma mientras cerraba los ojos, con el sonido de fondo que indicaba el comienzo de la primera clase.
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